Por su parte Samuel Martínez, dueño de este equipo bajó furioso al vestidor y reprendiò a la plantilla, revclamando al técnico su tibieza (falta de huevos) para dirigir al equipo. “Me decepciona el equipo. Mira allá afuera como está la gente llorando, gritando y reclamando el desempeño. Tenemos un estadio hermoso, gente buena que apoya en todo momento y no podemos fallarles. Es terrible lo que sucedió hoy. Estoy enojado, triste, inerme ante el espectáculo dado por los niños, pero así es el futbol y seguiremos adelante a muerte con el equipo y con el técnico” dijo al borde de las lágrimas Martínez quien invirtió casi 100 millones de euros en contrataciones.
¿Está en peligro la cebeza del técnico?, se le preguntó. La respuesta del lugar común fue: “Estamos a muerte con él y se alejó en medio de un fuerte dispositivo de seguridad, pues la afición del Suricato le esperaba para reclamarle.
Sergio Varela quien se echó al equipo al hombro y logró que el equipo se estabilizara por momentos señaló tajante: “Nos comportamos bien, no vi mal al equipo, desgraciadamente dos errores atrás y los postes nos echaron por tierra la ilusión de ganar. Seguiremos trabajando y la semana que viene tartaremos de dar el 100%, como lo hacemos en cada partido, afortunadamente la revancha llega muy pronto”, señaló el ídolo de la colonia Obrera.
Como la caída de las bolsas sacudió al mundo. Hoy la caída del Nochistongo sacude conciencias y cimbra los cimientos del Aurinegro, de cuyo técnico al final no se supo siquiera por donde abandonó el estadio.

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